Análisis de Los Pilares de la Tierra: La Siembra del Viento - La intriga de la gran catedral

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Daedalic Entertainment convierte en videojuego episódico a una de las trilogía de novelas más populares del planeta. ¿Cómo se adapta la intrigante historia de Ken Follet a los mandos?

Jugabilidad: sencilla, heredada de las aventuras gráficas. En PlayStation 4, versión jugada, el manejo sobre el personaje es directo, con accesos directos a acciones y uso de objetos a través de los botones. El enfoque de Daedalic, acercándolo más a algo narrativo que esencialmente jugable, recorta la libertad de acción y engaña a los que creen que esto es otro point 'n click más. Pero el resultado, aún así, es bastante interesante.

Gráficos: el apartado gráfico es deslumbrante. A pesar de parecer una obra humilde, la labor del equipo de diseño es totalmente sobresaliente. Los paisajes y el estilo empleado ponen en pantalla imágenes dignas de decorar una pared; pero sobre todo logran plasmar la ambientación de la época y, más aún, reflejar con gran fidelidad lo que Ken Follet describía con su prosa.

Duración: de forma similar al primer capítulo, la duración de La Siembra del Viento se mueve en torno a las 7 horas. Dada su linealidad y su propuesta de juego, la rejugabilidad no es algo a contemplar, aunque la situación con la que deja al final del episodio alimenta muchísimo las ganas de que llegue el tercero y último.

Sonido: una banda sonora discreta con un doblaje de voz bastante remarcable. Los diferentes acentos británicos que suenan durante el juego (se puede cambiar al alemán) son la mejor forma de sumergirse en la obra, en el contexto y en la historia. Desgraciadamente, no hay voces en castellano, aunque sí subtítulos; sin embargo, insistimos: la mejor opción es la inglesa.

Conclusión: Los Pilares de la Tierra: La Siembra del Viento es una recomendación absoluta para quienes no hayan tenido la oportunidad de leer la trilogía de Ken Follet. No os dejéis engañar por su apariencia y sus mecánicas, ya que se trata de una novela interactiva. Tiene diálogos, tiene puzles muy sencillos y casi anecdóticos e incluso momentos de acción; pero su argumento es lo que realmente brilla y se erige con la misma solemnidad que la catedral que se quiere construir en él.