Análisis de Donkey Kong Country: Tropical Freeze para Switch - Kongs para llevar

Donkey Kong Country: Tropical Freeze

Donkey Kong Country: Tropical Freeze, Plataformas

Lanzamiento: 

04-05-2018

Género: 

Plataformas

Plataformas: 

Wii U, Nintendo Switch
Publicado por el

El soberbio plataformas 2D de Wii U vuelve a Switch con muy poca novedad, pero con la misma brillantez en todas y cada una de las facetas que posee.

 

 

Tras haber deslumbrado con la trilogía Metroid Prime, por haber llevado a la cazarrecompensas espacial más famosa del videojuego al género de la primera persona de forma magistral, Retro Studios decidió que tenía que tocar otra franquicia famosa de Nintendo para renovarla y sorprender por partes iguales. No tardó mucho en colocarse una buena pelambrera y desatar una pasión por los plátanos, era el turno de Donkey Kong.

Primero fue Donkey Kong Country Returns allá por 2010, y después un total giro de tuerca con Donkey Kong Country: Tropical Freeze en 2014. Los Kong tuvieron esta segunda vez una mirada muy crítica por no ser lo que todos esperaban de Retro en el momento de su anuncio y por formar parte del catálogo de una consola que no alcanzó la popularidad que sus padres querían, todos conocemos el episodio de Wii U. Por eso, no nos termina de sorprender que Nintendo haya decidido darle otra segunda oportunidad en Nintendo Switch.

La híbrida ya ha recibido este peludo plataformas. Se trata de una adaptación muy simple, fiel al extremo, con tan solo un par de novedades que hacen dudar a aquellos que compraron el original; pero que sigue recordando por qué Retro Studios, cual rey Midas, es capaz de convertir en oro todo lo que toca. Tenemos la ocasión de tener uno de los mejores plataformas 2D de los últimos años en una plataforma portátil, de disfrutar de una mezcla en la que el diseño artístico y de niveles se fusionan de forma natural para sorprender siempre con cada nuevo escenario y cada nuevo reto. Tropical Freeze para Switch, a pesar de ser poco atractivo para el poseedor de Wii U, es la prueba viviente de que en la Gran N siempre saben lo que hay que hacer para dar buen sabor a uno de los géneros más clásicos y manidos de la industria.

Todo en Donkey Kong Country: Tropical Freeze está en 2018 tal y como estaba en 2014. Los Kong (Donkey, Diddy, Cranky y Dixie) vuelven a toparse con una fría tribu nórdica que decide congelar su isla natal y sus plátanos para tomar el control de toda la región. Esta situación, que se explica con una simpática secuencia cinematográfica de introducción, se convierte en el argumento que lleva a los gorilas y simios a, tras haber sido desterrados, volver al lugar que les pertenece y retomarlo por la fuerza.

Sin prisioneros, pero también sin maldad. El aspecto inocentón de todo el juego y la sencillez de su historia son algo muy propio de los plataformas que se estilan en los equipos first-party de Nintendo, y su aparición no es más que la forma de darte una razón por la que correr, saltar, lanzar, esquivar y frustrarte. Porque si algo tiene este videojuego es que, a pesar de esa capa inocente que lo envuelve, posee una dificultad digna de catalogarlo como el Dark Souls de… No, no vamos a hacer ese símil; pero os hacéis una idea de por dónde queremos ir.

Los desafíos siempre están presentes e incluso el nivel más “facilón” tiene la capacidad de hacerte perder un par de vidas por el camino, por no hablar de ciertos jefes y sobre todo de esas fases de agua en las que además debes controlar la respiración. Retro Studios no quiso hacer un plataformas fácil en esta entrega, buscó algo desafiante y capaz de lanzar el guante con dignidad incluso a los más versados en algo tan clásico como son los plataformas 2D de scroll lateral.

Y para ello hizo, y vuelve a hacer, gala de un repertorio de sorpresas y mecanismos de infarto. Cada nuevo nivel que juegas es una novedad, presenta una mecánica principal sobre la que se desarrolla todo el escenario y que te obliga a aprender conceptos sobre la marcha para poder avanzar. Desde la fase más sencilla y tradicional hasta esas típicas de vagonetas (marca identidad de la saga), de sincronización perfecta en lanzamientos de barriles o las acuáticas. Todo desfila frente a ti, siempre con un giro excepcional. ¿Una selva en llamas?, ¿una tormenta eléctrica?, ¿un nivel musical?, ¿uno que se cae a pedazos? Retro no pone nada por gusto y, cuando lo hace para deslumbrar en materia de diseño artístico, logra darle contexto también a nivel jugable.

Pero, ¿qué hay de nuevo en esta entrega? En primer lugar el estilo de plataforma en la que se juega. Wii U tenía esa portabilidad a medias que proporcionaba el GamePad (que, por otra parte, quedaba completamente inutilizado si no se usaba el Off-TV); pero Switch logra hacerla totalmente real. Nunca deja de fascinar esta posibilidad de poder llevarte el juego donde quieras, sobre todo cuando se trata de títulos del calibre de Donkey Kong Country: Tropical Freeze; aunque las novedades se antojan pocas.

Se permite el cooperativo local con la facilidad de quitar los Joy-Con y usarlos, se tiene la Vibración HD siempre presente, incluso para los detalles más pequeños, y se incorpora el modo Funky. Una aventura independiente, que exige su propia ranura de guardado, pero que sigue la misma historia que los Kong de siempre. La diferencia es que esta vez es mucho más sencilla, ya que el gorila surfero lleva siempre una tabla y un toque de vida adicional que, acompañado con el doble salto, el planeo, el giro infinito y la inmunidad frente a los pinchos lo convierten en una especie de dios simio.

Es evidente que esta adición con un personaje jugable nuevo e independiente se hace para acercar un poco más el título a ese público que todavía no se encuentra en el lado más hardcore de los videojuegos. Tropical Freeze tiene momentos muy exigentes, y si nos sumergimos en sus niveles ocultos la dificultad se eleva de forma exponencial. Llevar al público menos experto a un juego de estas dimensiones sin ofrecerle una puerta de entrada accesible sería demasiado peligroso, y de ahí que el Funky Mode pueda funcionar también para los menos experimentados, o incluso para los speedrunners, que pueden probar a reventar los cronos con este veloz mono playero.

Ahora toca abordar el gran problema que posee la versión de Tropical Freeze para Switch, y es que no hay nada más que añadir. Las dos caras de esta moneda de plátanos que aterriza en la híbrida son lo excepcional del juego base frente a la carencia de añadidos de interés para el antiguo comprador. Se percibe que en Nintendo han volcado sus esfuerzos para hacer que este relanzamiento sea más asequible para ese nuevo público que se está sumando a los juegos con la híbrida; pero también que no se ha hecho más por dorar la píldora a quienes ya lo jugaron en Wii U.

Por contrapartida a esto, tenemos un juego de plataformas lateral simplemente excepcional. Sus primeros niveles ya son capaces de hacerte ver que no eres tan bueno como crees, y que cada muerte de tus gorilas se debe a un fallo por tu parte, no a una situación injusta. Combinar las habilidades de Donkey con Diddy para mantenerse más en el aire, con Dixie para tener ese impulso o con Cranky para saltar sobre pinchos se convierte en un factor estratégico que se fragua de forma casi instintiva mientras disfrutas con ese excelso toque que baña a la estructura de cada fase, siempre con rincones escondidos para tener rutas alternativas o conseguir todos los coleccionables, a los combates contra los jefes o a la apariencia de todo.

Porque Donkey Kong Country: Tropical Freeze se puede resumir como un juego brillante en todos y cada uno de sus aspectos. A nivel visual es impoluto, con una dirección artística perfecta en cada nivel y escenario, que te lleva de una sabana rítmica a un complejo submarino con una facilidad y naturalidad pasmosa, o que se atreve con niveles donde solo hay siluetas, dejándose llevar por una paleta de colores y unas formas definidas tan bien que solo tienen como rival a esa banda sonora hecha por David Wise, que resucita algunos de los mejores temas de toda la franquicia para hacerlos compartir partitura con el leit motiv de esta entrega.