Análisis de Yoku’s Island Express - Un cartero de pelotas

Yoku's Island Express

Yoku's Island Express, Aventura

Género: 

Aventura

Plataformas: 

PS4
Publicado por el

Villa Gorilla y Team 17 crean un Frankenstein de géneros que capta miradas y acaba encandilando por su encanto y sus mecánicas.

 

 

Es muy fácil hablar de géneros y de títulos que los representan. Si miramos a las plataformas tenemos a Mario, si echamos un vistazo al RPG tenemos a Final Fantasy, alzando la vista hacia el Shooter tenemos a Doom o Call Of Duty… Miles y miles de propuestas pensadas por y para un modelo concreto de mecánicas base que terminan de definir y atraer a los jugadores por lo que suponen.

Con el paso de los años, la industria ha visto todo tipo de variantes dentro de esta amalgama básica y principal. Ramificaciones como los más que populares Battle Royale con Fortnite a la cabeza, los Roguelike o incluso el popular Metroidvania que tanto se usa cuando pensamos en una pareja tan rimbombante como Samus Aran y Alucard. 

Lo nuevo de Villa Gorilla, estudio apoyado por Team 17 para la ocasión, es una mezcla más extraña todavía, y no porque tenga como protagonista a un escarabajo pelotero con vocación de cartero (pareado no intencionado), sino porque coge al Metroidvania y, no contento con seguir ese esquema que tanto abarrota Kickstarter y el catálogo indie en general, le da un par de giros de tuerca añadiendo a la mezcla la fuerte presencia de las mecánicas de un pinball y un toque añadido con una estructura de mundo abierto.

Suena extraño, ¿verdad? Pues esa es la fórmula que da vida a Yoku’s Island Express, un título que, a pesar del batiburrillo que pone sobre la mesa, despunta por un aspecto impecable y acaba enamorando por su espíritu y por el funcionamiento de toda su estructura jugable.

En Yoku’s Island Express manejamos al escarabajo Yoku. Ilusionado y entusiasmado, este insecto llega a la isla de Mokumana para relevar al anterior cartero del lugar y empezar a trabajar repartiendo la correspondencia y la paquetería en los diferentes hogares que pueblan este gran y paradisíaco enclave ubicado en algún lugar del inmenso mar.

Un sitio aparentemente apacible en el que pronto se descubre un serio problema relacionado con un peligroso ser llamado Matadioses al que, por supuesto, hemos de poner freno realizando ciertas tareas. Evidentemente, la premisa de un cartero que reparte cartas de un lugar a otro no parece demasiado apetecible; pero lo cierto es que, si Yoku’s Island Express se hubiera ceñido a esa idea solamente, habría logrado mantenerse divertido gracias a la premisa jugable que lo construye. Haría falta alguna pirueta más, porque es cierto que la historia, a pesar de simplona, sirve para mantenerte jugando; pero lograría seguir siendo interesante.

El argumento, por lo general, no da pie a demasiadas sorpresas; pero sí sirve para perderse durante unas pocas horas y conocer un poco más a los isleños, las diferentes razas y sus peculiares peticiones. No es su punto más fuerte, aunque tiene el suficiente gancho para que sigas explorando hasta dar con la solución a este problema que se cierne sobre Mokumana.

Adentrarse en las mecánicas es casi tan pantanoso como adentrarse en esta isla. Para bien. Pensar en una mezcla entre pinball y Metroidvania, con tintes de mundo abierto, da para retirarse un buen rato para masticar la idea; pero es cuando te pones a los mandos (en nuestro caso, a los Joy-Con, ya que hemos analizado la versión de Switch) cuando descubres que logra atraparte, aunque también entra ahí el toque de Villa Gorilla para conseguirlo.

No todo se limita a tablas de pinball en las que recolectar frutas (la moneda del juego). El mapa es lo suficientemente grande para invitar a la exploración, para desbloquear “bumpers” pagando, indicados con colores asignados a los dos botones principales para accionarlos, y acceder a sitios cada vez más recónditos mientras consigues habilidades para tu personaje principal. ¿Un matasuegras?, ¿un pez para bucear? Hay de todo un poco para que, a medida que progreses, con un ritmo bastante equilibrado, vayas teniendo más opciones para explotar hasta el último rincón del escenario.

Más allá de eso, los habitantes de los que hemos hablado antes también te piden realizar tareas secundarias. Muchas de ellas requieren ir de un lado a otro para coger un objeto, como por ejemplo repartir esporas por sitios clave o ir a por una caja de herramientas; pero no llegan al tedio, además de que se complementan bastante bien con unas principales que pueden hacernos incluso combatir contra jefes en pinballs. Algo parecido a lo que hacía el ya lejano Sonic Spinball, solo que cambiando por una ambientación mucho más alegre y colorida, además de con un encanto que sobrepasa al de aquel clásico de 16 bits en todos los sentidos.

A pesar de la buena compenetración entre elementos, a la larga las secundarias acaban flaqueando por apoyarse excesivamente en la sensación de ser recadero. Un poco más de experimentación, a pesar de lo experimental que es la propuesta ya de por sí, habría sido un punto más favorable, sobre todo para animar al jugador a completar el 100% que requiere explorar un lugar tan grande como Mokumana con el bueno de Yoku.

La misma robustez que hace funcionar a este montón de mecánicas que podrían flaquear con cualquier componente mal implementado es lo que también baña al apartado visual. Villa Gorilla ha acertado de pleno con el estilo escogido a nivel tanto gráfico como sonoro para conseguir que su juego transmita un aire simpático desde el momento en el que entras en el menú principal.

Los escenarios, bastante más variados de lo que podía aparentar un lugar tropical, tienen una distribución lo suficientemente equilibrada para no notar un “abuso” de determinados parajes y acompañan también al reflejo del tipo de gentes que habitan en ellos. Aun así, ya puedes estar en el rincón más oscuro de toda Mokumana, que Yoku’s Island Express se encarga de que, dentro de todo ese ambiente lúgubre, haya sitio para un pellizco de simpatía, aunque sea con un par o tres notas de la melodía que acompaña.

No importa que sea completamente bidimensional, el trabajo a nivel artístico es sencillamente genial y brillante. Disfrutarlo, además, en el Modo Portátil de la híbrida de Nintendo se siente incluso la forma más natural de jugarlo. Sin duda, una pequeña gran aventura.