OPINIÓN: La evolución del mercado móvil

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Las aplicaciones de videojuegos se han convertido en un compañero común de muchos de nosotros, ¿hasta dónde serán capaces de llegar?

OPINIÓN: La evolución del mercado móvil

Bienvenidos a un nuevo contexto donde una nueva plataforma se integra junto al resto. No, no hablamos de una consola que haya sido anunciada. En este caso nos referimos a tu smartphone o tablet, abre el menú, revisa las aplicaciones. ¿No tienes ningún juego instalado? La respuesta seguramente sea “pues ahora que lo dices…”. No es para menos, estos dispositivos se han convertido en un catálogo muy amplio de títulos que nos aseguran partidas en cualquier parte (en algunos casos se nos requerirá que tengamos una conexión a internet).

Pero para llegar a esta situación, el mercado móvil ha tenido que pasar por varias etapas hasta alcanzar el contexto actual. Remontémonos a uno de los primeros éxitos en estas plataformas portátiles: Snake. Sin duda, este juego se hizo el rey en la época del Nokia 3310. De hecho, recuerdo alguna que otra bronca de mi padre por usar su teléfono a escondidas, no para realizar llamadas, sino para intentar batir mi propio récord. Desde luego aquello era el comienzo.

La llegada del color también supuso una gran innovación y esta mejora visual hizo que más gente se decantara por usar su móvil para echar unas partidas. Sin embargo, la auténtica revolución llegó con los smartphones. A día de hoy estos dispositivos podrían considerarse más como un centro de operaciones que como un terminal desde el que realizar llamadas o mandar mensajes. Mandar un correo electrónico, ver el último vídeo viral, instalar una aplicación de sonidos graciosos, gestionar nuestro perfil en redes sociales. Y lo que nos interesa: un catálogo de videojuegos inimaginable.

Gracias al salto tecnológico de estos terminales encontramos numerosos títulos que nos aseguran horas y horas de partidas (tanto como aguante nuestra batería o la capacidad de la power bank que tengamos). En las tiendas de estos smartphones y tablets encontramos un largo abanico de opciones con las que podemos desde regresar a clásicos como por ejemplo Grand Theft Auto: San Andreas. Así es, esta revolución en la industria del videojuego permite que jugar a un título que en su día requería una consola de última generación en un móvil común.

Pero la revolución del mercado móvil no solo ha pasado por ofrecernos estos títulos que despiertan nuestra nostalgia. No, también se ha estandarizado el mercado. Antes para disfrutar de un videojuego había que comprar una videoconsola o hacerte con un ordenador, algo que no solo suponía una inversión a la que había que sumar el pago de videojuegos. También había unas connotaciones negativas de aquel que jugaba, te convertías en un ‘friki’.

Llegaron los smartphones y con ellos títulos algo más sencillos. El máximo exponente: Candy Crush, un juego que hizo que por primera vez nuestros padres, abuelos, tíos, etc. se enganchasen a los videojuegos. No estamos diciendo que estos sectores no fueran aficionados a este mundo, hablamos de esos parientes que jamás se hubieran sentado a nuestro lado para ser el jugador número 2 y que ahora se volvían locos por pasar de nivel en estas aplicaciones. Además, había una gran ventaja: la plataforma ya estaba adquirida (el smartphone o tablet) y la mayoría de aplicaciones eran gratuitas.

De esta forma tenemos dos sectores que aunque distintos entre sí, se convirtieron en el objetivo de este mercado. Por un lado la comunidad de jugadores dispuesta a conocer una plataforma más donde disfrutar de sus partidas. Por el otro, un grupo que descubría lo divertido que podría ser el universo de los videojuegos. Y claro, con estas características, todo comenzó a cambiar. En otras palabras, comenzó la búsqueda de beneficios a través de distintas fórmulas de negocio.

En principio, la mayoría de estas aplicaciones son gratis. No hay que pagar por descargarlas y comenzar a jugar. Pero quizás tengamos que hacer frente a un coste por seguir disfrutando de ellas o para sumergirnos en partidas de más de 15 minutos. Los micropagos se han convertido en un compañero indispensable de muchos de estos juegos, el ejemplo más cercano en el tiempo es Harry Potter: Hogwarts Mistery, un juego en donde se nos invita a pasar por caja si no queremos quedarnos a medias en medio de una misión y esperar antes de proseguir.

Un modelo que ha hecho que muchos huyan de la propuesta de Jam City que aunque nos ofrece una gran aventura que fascinará a los fans de J.K. Rowling, desde luego se hace tediosa (o carísima si estás dispuesta a pagar). Otro ejemplo de cómo el modelo de negocio puede determinar el éxito de un videojuego en móviles lo encontramos en Fortnite Mobile, título que superó ampliamente en ingresos a PlayerUnknown's Battlegrounds durante su primera semana en iOS. Una gesta que se debe a una decisión tan simple como eliminar la incertidumbre.

Sí, ambos exponentes del Battle Royale tienen micropagos, pero hay una diferencia. Si bien en Fornite los jugadores pueden adquirir skins y otros materiales con dinero real, a diferencia de PlayerUnknown's Battlegrounds, saben lo que están llevándose a casa. En el otro caso uno se hace con una caja de botín, lo que conlleva a no saber qué hay detrás y poder estar invirtiendo en algo que no será de nuestro agrado. ¿La diferencia? En la primera semana en iOS, Epic Games se hizo con 3,7 millones de dólares mientras que Tencent (compañía que adaptó el título de Bluehole) sólo 700.000.

El último modelo de negocio que merece la pena mencionar es el de Pokémon GO. Si, quizás la aplicación de Niantic se haya desinflado con el tiempo. Pero no se puede negar el equilibrio que ha alcanzado entre micropagos y partidas gratuitas. Aquellos que quieran ir con la mochila llena o hacerse con ventajas, pueden pasar por caja. El resto, tiene pokeparadas con las que hacerse con los elementos necesarios para poder proseguir en nuestras partidas.

En cualquier caso, no se puede negar la revolución que ha supuesto el mercado móvil para la industria del videojuego. ¿Cuál será el futuro? Desde luego estamos en una época con múltiples caminos y va a ser muy interesante ver cuál es la decisión final.