OPINIÓN: Una industria aún por madurar

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Hoy dedicamos nuestra nueva columna de opinión a hablar sobre la inmadurez de la industria del videojuego a raíz de la reciente polémica de la portada de Battlefield V.

Parece innegable que, a día de hoy, la industria del videojuego ha madurado a pasos agigantados. Muchas desarrolladoras han hecho que las temáticas adultas, las relaciones sexuales, las parejas homosexuales y la igualdad de género estén a la orden del día. No es para menos, pues es la realidad del mundo en el que vivimos; un mundo en el que cada cual debería ser libre para tomar sus decisiones, ya sean ideológicas o sexuales.

A lo largo de los últimos años hemos visto videojuegos de corte bélico en los que aparecían hombres capaces de saltar distancias que nunca serán posibles, a zombis con metralletas intentando acabar con nosotros o a soldados lanzarse desde un avión y matar en el aire al piloto de otro vehículo volador que pasaba ante nosotros. Y, sin embargo, lo que parece molestar a gran parte de la comunidad del ocio electrónico es que una mujer sea portada del nuevo Battlefield V, tal y como se anunció hace unos días.

Lo curioso es que las mujeres sí tuvieron un papel relevante en la Segunda Guerra Mundial, al contrario que unos zombis que, por si todavía no lo sabías, son pura ficción. Pero no estamos aquí para hablar de historia, sino para discutir sobre una industria que amamos y que parece andar en círculos. El problema es que no ha sido una minoría la que ha criticado la decisión creativa de Electronic Arts y DICE, sino que se ha generado una absurda controversia masiva apoyada incluso por hashtags a través de Twitter.

El movimiento #NotMyBattlefield acumula miles de tuits en la red social de los 280 caracteres. Allí son muchos los usuarios que aseveran que las feministas están acabando con los videojuegos o que hay que mantener un cierto nivel de realismo y que, por lo tanto, las mujeres no pueden aparecer en un juego sobre la Segunda Guerra Mundial. No es más que el ridículo argumentario de alguien que quiere enmascarar como sea su evidente machismo y misoginia.

Los datos reflejan que casi el 50% del público que juega a videojuegos a día de hoy son mujeres. Un dato precisamente por el que no se entiende que la práctica totalidad de los videojuegos que nos llegan cada año estén protagonizados por personajes masculinos. La tendencia ha comenzado un incipiente proceso de igualdad gracias a personajes como Chloe Frazer, Nadine Ross, Max Caulfield, Rachel Amber, Aloy de los Nora, Lara Croft, Faith o, ahora, la protagonista de Battlefield V.

Sin embargo la proporción de protagonistas femeninas con respecto a los masculinos es anecdótica, y aun así hay quien se queja de que una mujer protagonice un videojuego. En muchas ocasiones el problema de una mujer protagonista deja de tener importancia para este rancio sector de la industria si el aspecto del personaje les gusta, pero la misoginia siempre está presente, como bien demostró Horizon: Zero Dawn antes de su lanzamiento el pasado mes de marzo.

Entonces fueron otros usuarios los que se quejaron de que Aloy, la protagonista del título de Guerrilla Games, no era lo suficientemente atractiva para ellos. ¿Acaso esta gente pide que los protagonistas femeninos tengan que ser Míster Universo para poder ser el eje central de la trama? No es sino una muestra más de la terrible inmadurez que todavía es una plaga para la industria del ocio electrónico, que debería encontrar una respuesta contundente por parte de las compañías ante estos retrógrados jugadores.

Lo que demandamos es que todas las grandes compañías del sector del videojuego se vuelquen con un movimiento que va más allá de combatir a estos usuarios que llevan la misoginia por bandera. Se trata de aportar igualdad a las historias que nos cuentan los videojuegos. Y no solo por aplacar las críticas o las acusaciones de machismo, sino por convencimiento: una mujer protagonista puede ofrecer matices muy diferentes a una historia protagonizada por un hombre y viceversa. En la variedad está el gusto.

La evidencia es que no puede seguir tolerándose movimientos como el #NotMyBattlefield que ha surgido en las redes sociales con motivo del anuncio de Battlefield V. Las compañías deben seguir apostando por las mujeres y por lo que creen. Si la consecuencia es que el sector más machista de la industria deje de jugar a videojuegos casi le estaremos haciendo un favor. No hay mal que por bien no venga.